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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Torta Pascualina de Uruguay. En España, empanada de espinacas con huevos

Sonia Noemir Ferreira Rodríguez es una bellísima persona natural de Montevideo (Uruguay), y reside en España, concretamente en la ciudad de Albacete, hace ya unos siete años, donde disfrutamos de su vecindad y convivencia en el día a día.

Entre sus aficiones, están la cocina y las manualidades –la verdad, podríamos decir que la buena cocina es una labor manual de primera categoría-.  Pero además de cocinar y muy bien, Sonia tiene buenas manos para todo: Vaya bolsos de ganchillo que confecciona, y qué preciosidades hace de tela y de cualquier otro material. A ella le gusta la artesanía, sobre todo.


Sonia nos brinda para Albacete Bienmesabe, su Torta Pascualina de Uruguay, que aprendió a hacer en su querida tierra natal, viendo a su abuela y a su madre elaborar y disponer uno a uno todos los ingredientes: la torta o masa de harina de cereales, agua, sal y huevo; las espinacas y las cebollas, plantadas y recogidas en el huerto de la casa; y los huevos, recién puestos por las gallinas que alimentaban y cuidaban al lado de la casa.
Ahora es todo mucho más cómodo y rápido: La masa es masa de hojaldre que se compra congelada, en porciones de 2 masas la caja; las hojas de espinacas, en cuadrados congelados más duros que una piedra; los huevos, ya sabemos que ahora vienen directamente de la tienda, del mercado o del súper…  una breve preparación con todos estos alimentos y listo para el horno.

Sonia echa de menos el gusto que proporciona a las comidas la cocina de leña y el aroma de los alimentos frescos y recién recolectados. Sobre todo, el sabor de la carne de ternera de Uruguay. Cielos, qué sabor y qué bien la cocinan allá. Es la comida por excelencia en ese país.
Pero, hay que aprovechar las ventajas de las tecnologías, pues suponen desarrollo en todos los sentidos, como nos dice Sonia, y además, el resultado en la cocina es también muy bueno.
Esta Torta Pascualina que nos trae Sonia es como la empanada de espinacas con huevos que de manera muy parecida preparamos aquí en España. Ella ha realizado un trabajo magnífico: ha tomado fotografías de todos los pasos para elaborar la torta, y así lo vamos a mostrar:

1.- Preparamos los ingredientes:
Las espinacas, las descongelamos en muy poca agua, con una pizca de sal. Unos 5 minutos, hirviendo. Apartamos rápido y dejamos escurrir para eliminar toda el agua posible.
Los huevos, los sacamos de la nevera para que se atemperen.
La cebolla, cortadita en trocitos muy pequeños.
Las masas de hojaldre, seguimos las instrucciones de la caja: las sacamos y dejamos que se descongelen.



2.- Elaboración:
En una sartén con un poquito de aceite de oliva, doramos la cebolla, no mucho. A continuación, añadimos las espinacas. Salpimentamos según gusto y damos vueltas, durante unos tres ó cuatro minutos.
Las masas de hojaldre, una vez que han perdido la rigidez por la congelación, hay que estirarlas con un rodillo, o un vaso largo. Hay que ver lo que da de si la masa bien trabajada y estirada -esto lo he aprendido de Sonia-.


Vamos a por la bandeja del horno y cubrimos su fondo con mantequilla o ponemos papel vegetal, para que no se nos agarre la torta. Ponemos una de las masas en la bandeja y añadimos las espinacas cocinadas por toda la superficie. Después, añadimos los huevos. Como vemos, en la receta de Sonia es así: Se casca el huevo uno por uno en un cuenco, y del cuenco, sin batir, lo dejamos caer sobre las espinacas, y vamos distribuyendo los huevos sobre todas las espinacas.


Cubrimos todo este preparado con la otra masa de hojaldre, y sellamos las dos partes de masa con el dedo, de manera que nos quede bonito, con buena presentación de torta o empanada.
Y a continuación, batimos -ahora si- un huevo, y pintamos toda la parte de arriba de la torta, para que nos salga con un apetecible color dorado.




Y al horno previamente precalentado, a unos 160º – 180º, calor por arriba y por abajo, durante unos 20 minutos. La masa tendremos que pincharla con un palillo cuando se esté haciendo y veamos que sube un poquito, para evitar que se rompa.



Y listo. Cocina rápida y muy buena en aporte nutritivo y al paladar, gracias a este buen trabajo de Sonia Noemir, que nos invita a su mesa como vemos en la imagen, con un buen vino que siempre realza una buena comida.


jueves, 27 de septiembre de 2012

A por el potaje y los guisos en nuestra dieta



Con la llegada de las primeras lluvias y del otoño, entra el tiempo de los potajes y los guisos, al menos, en los recetarios de las cocinas regionales en nuestro país. Otra cosa es en la dieta alimenticia, es decir, si por parte de cada cual dejamos que estas comidas formen parte de nuestra nutrición.
Antes era así, de manera lógica y natural, pues la cocina de siempre se ha desarrollado con productos autóctonos, de la tierra, y por supuesto, de temporada, que es cuando están en su mejor momento.
Pero los hábitos alimenticios cambian, paralelamente, a los cambios sociales: la sociedad moderna, su forma y ritmo de vida repercuten en las costumbres de todo tipo, incluidas las alimenticias.
También tiene una repercusión directa en la nutrición y manera de cocinar, las prácticas que se imponen con el desarrollo de las tecnologías en la alimentación y de los métodos de cultivo, técnicas de reproducción en los animales, transporte y conservación de alimentos, lo cual permite abastecer los mercados, incluso fuera de temporada, de productos procedentes de los más diversos y recónditos lugares.
La oferta en la restauración se ve afectada por todos estos cambios, y es reflejo también  de los nuevos hábitos de los consumidores. Creo que es esta la razón por la que, por ejemplo, los Caballeros Cofrades del Buen Almuerzo de Albacete, echan en falta la presencia de los platos de cuchara, y por consiguiente, de los potajes y de los guisos, de una manera más habitual en las cartas y menús de los restaurantes, algo que creo que también ocurre en la restauración en general, en nuestro país, con la excepción de los establecimientos que puedan estar especializados en preparar y servir estas comidas.
Es decir, que todo apunta a que los platos de cuchara son de los que más se han visto afectados por estos cambios en la manera de alimentarnos, y en las nuevas tendencias en la cocina y en la restauración, quedando relegados a un segundo o tercer plano, al igual que está ocurriendo en las cocinas caseras, en las domésticas de cada cual. 
Pues recetario en mano, debemos preocuparnos de nuestra dieta: los potajes, estas elaboraciones riquísimas en términos de nutrición y sabor, hechas con legumbres secas, condimentadas con verduras, carnes, pescados o mariscos (potaje de vigilia, fabada asturiana…), deberían de formar parte de nuestras comidas de forma más frecuente.
Los estudiosos de la cocina insisten una y otra vez en la idoneidad de las legumbres, no sólo para prevenir ciertas enfermedades, sino para conseguir una larga y saludable vida.
Son productos que sin excepción deben estar en nuestra dieta cotidiana: Devolvamos a nuestra comida aquellos aromas y sabores de las viejas comidas familiares. Por nutrición y por el placer de degustar estos platos.